Tolkien devuelve ciento tres páginas de pruebas de los apéndices. Señala referencias que deben comprobarse y pide conservar en blanco una página concreta: no existe material narrativo final para ocuparla sin improvisar algo indigno del conjunto.
La nota revela hasta qué punto los apéndices se trataban como una obra dentro de la obra. Cada espacio, remisión y omisión podía afectar a la comprensión de cronologías, alfabetos y genealogías. Su brevedad transmite también el cansancio de una fase en la que la creación había cedido el paso a la vigilancia tipográfica.
