Tolkien aclara que Frodo no es pacifista en el sentido político moderno. Su rechazo final de las armas nace de una experiencia personal extrema y del horror ante una guerra civil entre hobbits. Ha comprendido también que la violencia física logra menos de lo que muchos hombres buenos suponen.
Desde su perspectiva cristiana, Tolkien no espera que la historia produzca una victoria definitiva mediante el poder humano. La describe como una «larga derrota» en la que, sin embargo, aparecen anticipos de una victoria final. La leyenda puede mostrar esos destellos con especial claridad y emoción.
Esta formulación ayuda a entender el regreso a la Comarca: Frodo participa en la liberación, pero ya no puede resolver el mal mediante el mismo tipo de fuerza que lo hirió. Eduardo Segura relaciona esta esperanza dentro de la pérdida con la eucatástrofe: el giro favorable no borra el sufrimiento ni convierte la historia en progreso automático.

