Ante el interés de un productor estadounidense, Tolkien se muestra dispuesto a considerar una película animada de El Señor de los Anillos. Sabe que existe un riesgo de vulgarización, pero lo juzga menos doloroso que la simplificación sufrida en la adaptación de la BBC.
El posible ingreso tampoco le resulta indiferente al acercarse la jubilación. La nota abre una negociación en la que su actitud será práctica: admite los cambios propios de otro medio, siempre que no destruyan el sentido y la lógica del relato.
