Tolkien niega que los cinco magos simbolicen los cinco sentidos o que los orcos «sean» comunistas. Esas equivalencias pertenecen a una alegoría consciente que no forma parte de su método: hay cinco magos porque esa es una circunstancia de la historia imaginada.
La ausencia de alegoría no elimina la aplicabilidad. Los lectores pueden reconocer en su tiempo orgullo, codicia, pereza, ansia de poder o traición porque esas posibilidades aparecen distribuidas entre hobbits, elfos, enanos, hombres y magos. Ningún pueblo bueno queda convertido en emblema de perfección.
La distinción protege la libertad de la lectura. El autor no impone una clave única, pero la historia sigue siendo pertinente para circunstancias que él no programó. Tom Shippey ha subrayado que esa combinación permite a la obra dialogar con guerras y políticas concretas sin agotarse en ninguna de ellas.
