Tolkien examina decisiones de una traducción española de El Hobbit. Había pedido conservar hobbit para impedir invenciones arbitrarias como las de la versión sueca, pero reconoce que el plural hobbits se integra mal en una lengua románica. De haber sido consultado, habría aceptado hobitos: mantiene la raíz, armoniza con elfos y aprovecha un diminutivo natural del español.
También detecta una ambigüedad en gnomos. Si el traductor emplea esa palabra para los enanos, no puede conservarla al mismo tiempo como antiguo nombre de los Altos Elfos. Tolkien había usado Gnomes por su asociación erudita con conocimiento e inteligencia, pero terminó abandonándolo porque el lector pensaba inevitablemente en los pequeños seres de la tradición popular. La carta muestra su atención simultánea a etimología, sonido y expectativas culturales.
