Un lector considera demasiado rápido el enamoramiento de Faramir y Éowyn. Tolkien responde que una persona puede amar a más de alguien de modos distintos. La admiración de Éowyn por Aragorn no desaparece; cambia cuando comprende su distancia, edad y dignidad.
Faramir ha crecido bajo la autoridad de Denethor, no solo como hijo de un padre severo, sino como númenóreano ante el gobernante del último gran reino de su pueblo. Acostumbrado a ceder en casa, conserva fuera de ella capacidad de mando, valor, justicia y misericordia.
En periodos de guerra y expectativa de muerte, los sentimientos y decisiones pueden madurar con una rapidez que el reloj no mide bien. Tolkien tampoco atribuye a estos personajes los rodeos del amor cortés: pertenecen a una cultura más directa, donde rango y nobleza no exigen prolongar artificialmente el reconocimiento mutuo.

