Tolkien explica a Eileen Elgar que el poema «Fastitocalon» no es una invención completamente original. Redujo y reescribió una criatura de los bestiarios antiguos para acomodarla a la imaginación de los hobbits. El nombre procede de una corrupción anglosajona del griego Aspidochelone, la tortuga con aspecto de isla.
El poeta antiguo incluso añadió una f para conseguir la aliteración exigida por su verso. Tolkien contempla esa libertad con una mezcla de escándalo y simpatía: las palabras cambian porque los autores necesitan que funcionen dentro de una nueva lengua y una nueva métrica.
El monstruo marino probablemente nació de tortugas ampliadas por la imaginación, se mezcló después con rasgos de ballena y terminó convertido por los bestiarios moralizados en imagen del Diablo. Tom Shippey ha mostrado cómo Tolkien trabaja a menudo a partir de estas capas lingüísticas: no copia una fuente, sino que dramatiza la larga vida de una palabra y permite que los hobbits la deformen una vez más.
