Tolkien cuenta que comenzó una historia situada aproximadamente un siglo después de la caída de Mordor. En la paz de Gondor, los hombres se cansaban pronto del bien; los descendientes de Aragorn podían convertirse en gobernantes comparables con Denethor o peores, mientras surgían conspiraciones y cultos secretos. Los muchachos jugaban a ser orcos y cometían destrozos.
Había material suficiente para narrar el descubrimiento y la derrota de una trama, pero el resultado sería únicamente un thriller. El problema ya no era un Enemigo casi mítico, sino la repetición ordinaria del descontento, la crueldad y la nostalgia por el mal.
Tolkien abandonó La Nueva Sombra porque no encontraba en ella una historia que ampliara el sentido de la obra anterior. La decisión revela un criterio exigente: la continuidad cronológica y la curiosidad del lector no bastaban para justificar una secuela.
