Christopher Bretherton pregunta por el proceso creativo y Tolkien responde con una de sus explicaciones autobiográficas más amplias. Sitúa en la infancia su afición a construir lenguas y se define ante todo como filólogo. En Oxford, el galés, el finés y el gótico le ofrecieron formas sonoras y mundos culturales muy distintos de los estudios clásicos habituales.
Las primeras leyendas crecieron junto a las lenguas. El relato de Kullervo en el Kalevala fue el germen de un intento por escribir historias para sus idiomas privados. Durante una baja militar de 1917 compuso la primera Caída de Gondolin; aquel mismo año surgió la versión inicial de Beren y Lúthien.
La escena de Lúthien nace de un recuerdo preciso: Edith bailando entre plantas blancas en un bosque cerca de Roos, mientras Tolkien estaba destinado en la guarnición del Humber. John Garth muestra cómo esta imagen privada entró en una mitología escrita bajo la presión de la guerra sin quedar reducida a simple transcripción biográfica.
Explica también el origen de Gaffer Gamgee. El personaje partió de un anciano de Lamorna Cove al que la familia dio ese apodo; gamgee era además la palabra local que Tolkien conocía desde Birmingham para el algodón medicinal, de donde surgió la relación humorística con los Cotton.
Al final recuerda la amistad con C. S. Lewis. Fue su compañero más cercano durante años y su muerte resultó dolorosa, aunque la relación se había vuelto menos frecuente con el tiempo. La carta une así lenguas, lugares, familia y amistades como materiales transformados por una imaginación que buscaba coherencia propia.

