W. H. Auden pregunta si imaginar una raza completamente malvada no sería incompatible con la teología cristiana. Tolkien responde que no pretende ajustar la ficción a un sistema teológico formal, aunque sí quiso que fuera concordante con el pensamiento cristiano. Frodo afirma dentro de la novela que los orcos no fueron creados malos.
Puede haber individuos o grupos que parezcan irredimibles desde nuestra perspectiva, pero eso no permite atribuirles un origen absolutamente maligno. La respuesta deja abierto el difícil problema narrativo de los orcos y reafirma el principio expresado en otras cartas: el mal corrompe criaturas existentes, no crea seres racionales desde la nada.
Tolkien añade que una crisis de derechos de autor en Estados Unidos lo obliga a abandonar las revisiones de Sir Gawain y Pearl. Debe preparar nuevas versiones de El Hobbit y El Señor de los Anillos que puedan registrarse y frenen la edición pirata de Ace Books.
