Tolkien afronta con desgana la revisión de El Señor de los Anillos provocada por la edición no autorizada de Ace Books. Después de revisar el primer volumen descubre que hay muy pocas correcciones sustanciales que hacer.
Habla del autor de años atrás como de un amigo remoto y reconoce, con ironía, que aquel hombre debió trabajar muchísimo: la construcción le parece ahora más ajustada de lo que recordaba. Espera que baste con modificar introducciones y apéndices, y añadir un índice.
Mientras tanto, responde a lectores estadounidenses advirtiéndoles que la edición de Ace se publicó sin consentimiento ni remuneración. Pregunta a Rayner si una campaña más amplia podría servir. La carta une una defensa práctica de los derechos de autor con una rara apreciación retrospectiva de su propia técnica.
