Tolkien desaprueba que W. H. Auden y Peter Salus proyecten un libro sobre él sin una relación suficientemente cercana ni tiempo para consultarlo. Considera prematuro estudiar de ese modo a un autor vivo y teme que el resultado le cause más irritación que utilidad.
La incomodidad aumenta por una crónica de The New Yorker que atribuye a Auden comentarios despectivos sobre la casa y los cuadros de Tolkien. La frase cruza el Atlántico y aparece después en la prensa británica, convirtiendo una observación privada o deformada en noticia personal.
En un asunto más práctico, Ace Books acepta pagar derechos por los ejemplares vendidos y no volver a imprimir sin autorización. El acuerdo amistoso cierra la fase más dura de la disputa, aunque los impuestos reducirán mucho la cantidad recibida.
Tolkien termina con una muestra de admiración literaria. Durante una estancia junto al mar empezó a leer About the House de Auden al acostarse y siguió durante horas, pese al frío. La carta conserva así una relación compleja: puede sentirse herido por el amigo y seguir respondiendo intensamente a su poesía.
