Tolkien no apoya la creación de un premio anual que lleve su nombre. Su obra ha tardado en encontrar reconocimiento en Estados Unidos y la popularidad todavía no le ha proporcionado una recompensa económica comparable.
La propuesta llega además desde el entorno de Ace Books, responsable de la edición no autorizada. Con ironía pregunta por qué un premio Tolkien debería recibir el doble de consideración que el propio autor vivo. La carta devuelve la conversación desde el homenaje simbólico hacia la justicia editorial concreta.
