Tolkien se arrepiente de haber aceptado una entrevista de Philip Norman para el suplemento del Sunday Times. Incluso corregido, el texto le parece miserable y desearía impedir su publicación.
Las reseñas negativas no solían inquietarlo, porque discutían la obra. Esta clase de perfil personal, en cambio, lo reduce a curiosidad pública y debilita sus ganas de trabajar. Advierte a Rayner Unwin que explotar así al autor equivale a matar la oca que pone los huevos: la promoción puede destruir la intimidad creativa de la que dependen los libros.
