Tolkien escribe a Clyde Kilby después de un viaje por mar. Tras salir de Southampton bajo lluvia y viento, encuentra días continuos de sol y una Bahía de Vizcaya sorprendentemente tranquila y azul.
La experiencia queda dañada desde el primer día por una caída de Edith, que agrava una lesión previa en la pierna y requiere atención del cirujano del barco. La tripulación facilita sillas y ayuda, pero cada desembarco se vuelve difícil.
El Atlántico se muestra hostil en el regreso y la travesía termina más como aventura que como descanso. La carta registra el contraste entre la belleza del mar y las limitaciones físicas que ya condicionan cualquier viaje de la pareja.
