Tolkien recibe un ejemplar de la Biblia de Jerusalén y considera excesivo que figure como colaborador, pues tuvo que abandonar pronto el proyecto. En el clima posterior al Concilio, la asistencia a misa pone a prueba su paciencia y su lealtad.
Su incomodidad se concreta en una traducción del Evangelio: «tu hijo va a vivir». El griego y el latín utilizan el presente, «tu hijo vive», forma que conserva el desarrollo dramático porque más tarde se descubre que la curación ocurrió mientras Cristo pronunciaba las palabras.
La objeción no es nostalgia por una fórmula antigua. Defiende una relación exacta entre tiempo verbal, acción y sentido. Tolkien se disculpa con humor por los «mordisqueos de un ratón viejo», aunque el ejemplo muestra por qué una palabra pequeña puede importarle tanto.
