Tolkien reenvía a Stanley Unwin la carta recibida de Rütten & Loening de Potsdam, editorial alemana interesada en la traducción de El Hobbit, y expresa su indignación: los editores le exigen un certificado de «origen ario» (arisch), como imponía la legislación nazi. Tolkien pregunta si sufre esta impertinencia por tener apellido alemán o si «las leyes lunáticas» de Alemania exigen esa declaración a personas de todos los países. Su instinto es negarse a proporcionar ninguna Bestätigung — declaración — y que la traducción alemana «se vaya al infierno».
La frase clave es contundente: «No considero honorable la (probable) ausencia de sangre judía y tengo muchos amigos judíos, y me pesaría dar el menor color a la idea de que suscribo la totalmente perniciosa y anticientífica doctrina de la raza». Tolkien, sin embargo, deja la decisión final a Unwin — que es quien tiene el interés comercial — y le somete dos borradores de respuesta posibles. Esta carta es la introducción documental a una de las páginas más famosas del volumen: la respuesta directa a los alemanes.
el año de la Anschluss austríaca, del pacto de Múnich, del incremento de la persecución antisemita en el Reich. John Garth ha estudiado la actitud de Tolkien ante el nazismo en Tolkien and the Great War y en artículos posteriores. La carta es prueba documental de que la posición antirracista de Tolkien fue temprana, activa y arriesgada — muchos escritores británicos aún se movían en la ambigüedad.
