Tolkien amplía para Dick Plotz una explicación sobre las declinaciones de cirya, «barco», y lassë, «hoja». Las formas descritas pertenecen al quenya clásico o libresco, conocido por los sabios númenóreanos y conservado después en Gondor.
Los hombres nunca hablaron quenya como lengua cotidiana. Entre los elfos de origen noldorin se mantuvo como segunda lengua aprendida durante la juventud a partir de textos antiguos. Esa transmisión escrita frenó nuevos cambios, aunque antes de dejar de ser lengua materna ya había desarrollado una forma coloquial con vocales finales más breves, reducción de diptongos y pérdida de determinadas diferencias de caso.
La carta trata el quenya como historia lingüística, no como código inmóvil. Registro, comunidad, escritura y transmisión explican sus variantes. Tom Shippey ha señalado que esta profundidad nace de aplicar a una lengua inventada las mismas preguntas que un filólogo plantearía al latín, al inglés antiguo o al gótico.
