Tolkien escribe a su hijo Michael sobre la inquietud de los católicos conservadores ante los cambios de la Iglesia. Aconseja paciencia, lealtad y silencio público: la institución atraviesa una sacudida, pero para él sigue siendo el lugar del que no desea apartarse.
Menciona la salida del teólogo Charles Davis y desconfía de la soberbia que puede acompañar tanto a obispos como a especialistas. Para poner el episodio en perspectiva cuenta a su médico la historia de John Wycliffe, antiguo miembro de Merton, cuyas disputas eucarísticas provocaron una ruptura mucho más violenta siglos atrás.
La anécdota combina preocupación religiosa, memoria universitaria y humor polémico. No pretende equiparar exactamente ambos casos, sino recordar que las crisis doctrinales y las personalidades difíciles no eran una novedad en la historia cristiana.
