Tolkien explica al cirujano Alan Klass las consecuencias domésticas de su accidente. Su ausencia dejó la mudanza en manos de Edith, para quien la carga resultó inmanejable, y la nueva vivienda no estuvo disponible hasta tres semanas después del traslado.
Tuvo que abandonar el hospital antes de tiempo para ayudar, pese a llevar una escayola desde los dedos del pie hasta la ingle. Su hijo John dedicó buena parte de sus vacaciones a poner orden. La carta muestra la fragilidad real que acompañó el cambio de casa: convalecencia, retrasos y una familia obligada a resolver una situación que había desbordado cualquier planificación.
