Amy Ronald envía desde Sudáfrica cuatro botellas de oporto y tres de jerez. Tolkien esperaba que el repartidor se hubiera equivocado y descubre con sorpresa un regalo perfectamente destinado.
La nueva casa junto al bosque resulta cómoda, aunque el frío empieza a sentirse incluso cerca del mar. Los vinos dulces llegan como compañía práctica para las tardes y noches de invierno.
Tolkien recuerda entonces un texto medieval sobre la edad que se desliza sin ser advertida. Acepta que cada invierno lo vuelve mayor, pero duda con humor de que también aumente su sabiduría. La carta convierte un regalo material en hospitalidad a distancia y reflexión sobre el envejecimiento.
