Al comenzar 1969, Tolkien cuenta a Christopher que por fin ha ordenado su biblioteca y recuperado casi todo lo que creía perdido. Sigue sin aparecer la primera edición de la gramática gótica de Joseph Wright, importante para él por razones sentimentales.
Aquel libro adquirido por casualidad le abrió una ventana a la filología germánica y lo condujo hasta las clases del propio Wright, quien se convirtió en amigo y consejero. El descubrimiento perjudicó sus resultados iniciales en Clásicas, pero un examen excelente de filología griega le permitió conservar la beca y cambiarse a Inglés como filólogo declarado.
Tolkien menciona además una artritis dolorosa en la mano izquierda y lamenta la distancia que lo separa de Christopher. La carta reúne una biblioteca recuperada, el recuerdo de una vocación y las limitaciones físicas que ahora dificultan continuarla.
