Tolkien había liberado de nuevo su imaginación, pero una crisis de dolor y abatimiento interrumpe el trabajo. El médico sospecha una vesícula inflamada y elimina de inmediato grasas y alcohol de su dieta.
Las radiografías no muestran cálculos ni tumores y confirman que el órgano funciona. El radiólogo lo despide con permiso para disfrutar de un buen almuerzo y el médico restaura la dieta normal.
El alivio no resuelve el resto. Un colaborador está enfermo, Edith declina lentamente y Tolkien se siente aislado. La carta alterna humor médico y ansiedad doméstica, reflejando lo difícil que era mantener continuidad creativa incluso después de un diagnóstico favorable.
