Tolkien recuerda a estudiantes de Yorkshire procedentes de hogares sin libros ni formación cultural. Su apariencia inicial de pesadez no revelaba necesariamente la capacidad intelectual: muchos podían educarse si estaban dispuestos a trabajar.
La enseñanza lo agotaba, pero prefería ayudar a esos alumnos a desarrollar solidez y criterio antes que invertir toda la energía en inteligencias más brillantes ya deformadas por la vanidad o el clima escolar.
Resume la preferencia mediante una imagen de horticultura: una raíz pequeña y sana puede producir hojas y semilla en mejor suelo; una zanahoria grande, vistosa y podrida ya no ofrece esa promesa. La comparación mezcla experiencia docente, humor y confianza en capacidades todavía dormidas.
