Tolkien agradece la visita de Lord Halsbury mientras prepara sus estanterías para recuperar los libros de la biblioteca. Ordenarlos exige también descartar volúmenes, una tarea que se vuelve más dolorosa con la edad porque muchos importan por el tiempo compartido con ellos, no solo por su utilidad inmediata.
Cuatro mudanzas de su biblioteca entre 1930 y 1972 le han enseñado una regla ingrata: poco después de regalar un libro aparentemente prescindible, surge la necesidad exacta de consultarlo, y para entonces quizá sea imposible reemplazarlo. La carta retrata una relación con los libros hecha de trabajo, memoria y una prudente resistencia al orden perfecto.
