Tolkien confiesa a Sir Patrick Browne que convertirse en figura de culto mientras aún se vive resulta incómodo. La admiración pública no lo hace sentirse más importante, sino pequeño e insuficiente ante las expectativas creadas alrededor de su nombre.
No obstante, admite con humor que nadie permanece por completo inmune al elogio. Para explicarlo recurre a Chu-Bu and Sheemish, el cuento de Lord Dunsany sobre dos ídolos rivales celosos del incienso ofrecido a cada uno. La alusión le permite reconocer la vanidad sin solemnidad y medir la distancia entre una obra que ya pertenece a multitudes y el autor que todavía intenta trabajar en privado.
