Tolkien desea que un investigador estadounidense encuentre ayuda durante su estancia en Inglaterra, pero advierte que él no hablará sobre la obra de C. S. Lewis ni sobre la relación entre ambos. Atribuye la decisión a razones personales y no las desarrolla.
Agradece los elogios, aunque toda su energía disponible está dedicada a completar su propio trabajo. La respuesta establece un límite claro entre la amistad vivida, la curiosidad académica y el tiempo restante de un autor anciano.
