Tolkien explica que recibir cartas le alegra y que él y su corresponsal comparten una tendencia: una palabra engendra otra y el pensamiento se desvía por caminos laterales. El acto físico de escribir con pluma sigue siendo placentero cuando logra sentarse con calma.
Admira la letra clara y la brevedad de Edith, capacidades que nunca consiguió imitar. Cuando alcanza un estilo lacónico no es por facilidad, sino después de eliminar tres cuartas partes de lo escrito. Para él, la concisión deliberada consume más tiempo que dejar correr la prosa.
