Tolkien escribe a Christopher Wiseman, el último superviviente junto a él del T.C.B.S., después de comprobar con alarma cuánto tiempo ha pasado desde su encuentro en la costa.
Mientras ordena correspondencia encuentra una carta de C. V. L. Lycett, antiguo compañero de King Edward’s School. Lycett recuerda desde Los Ángeles el pequeño círculo formado por Tolkien, Wiseman, Gilson, Smith y otros muchachos, y confiesa que lo admiraba desde fuera sin que ellos fueran conscientes.
La lista devuelve por un instante a los compañeros muertos y a una comunidad anterior a la Primera Guerra Mundial. John Garth muestra cómo el T.C.B.S. dio a Tolkien una primera audiencia y un ideal de vocación compartida que sobrevivió a la muerte de Gilson y Smith.
Ya instalado en Merton, Tolkien informa de su propia salud: las pruebas médicas son tranquilizadoras, aunque debe abandonar el vino y seguir una dieta. Le permiten todavía fumar y beber cerveza. Firma con sus iniciales y las del grupo, conservando hasta el final aquella pertenencia juvenil.
