Estado del proyecto en febrero de 1939: The Lord of the Rings — ahora ya en plural — ha llegado al capítulo 12 y ha sido reescrito varias veces. Suma más de 300 páginas de manuscrito del tamaño de la propia carta, escritas apretadas. Tolkien calcula que necesitará al menos 200 más para terminar. Pregunta cuál es la fecha límite para entregar el manuscrito completo. Ha trabajado bajo dificultades — mala salud, exámenes de Nueva Zelanda por Gordon, gripe reciente —, está en el pico de estrés económico educativo (un hijo pidiendo universidad, otro pidiendo escuela tras un año con cardiólogos), y sin embargo cree que el libro es en sí mismo mucho mejor que El Hobbit, aunque quizá no encaje como secuela.
La carta contiene además una frase importantísima: «la escritura de El Señor de los Anillos es laboriosa, porque la he estado haciendo lo mejor que sé, considerando cada palabra». Añade que la historia tiene, imagina él fondamente, cierta significación. Es más fácil y rápido escribir en tiempo libre las tramas más ligeras del Little Kingdom para acompañar a Farmer Giles, pero preferiría terminar el cuento largo y no dejarlo enfriarse. Estamos ya lejos del bloqueo de 1937-1938: la voz del autor tiene ahora la certeza de haber encontrado algo grande.
El invierno de 1938-1939 corresponde según Christopher Tolkien a las primeras versiones de los capítulos que hoy están en el segundo libro de La Comunidad del Anillo, con el nombre del protagonista aún inestable (Bingo Bolger-Baggins antes de ser Frodo) y con importantes diferencias respecto a la versión definitiva. La preocupación económica, constante en estos años, sería aliviada solo décadas después con las ventas masivas del libro a partir de los años sesenta.
