Doce días después del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Tolkien responde a Philip Unwin sobre el futuro de la revisión que C. L. Wrenn ha hecho de la traducción de Beowulf de Clark Hall — para la que Tolkien había prometido un prefacio. Hasta donde puede ver, las universidades seguirán funcionando y las Escuelas de Inglés que usan Beowulf seguirán existiendo. Habrá demanda, reducida.
Confiesa además, con una humildad casi cómica, que lleva sin responder desde el 21 de junio a la pregunta sobre la secuela de El Hobbit. Sospecha que ya no le interesa mucho — pero él aún espera terminarla eventualmente. Está solo tres cuartos escrita. Cita como excusa una conmoción cerebral con puntos de sutura sufrida — «no en un accidente de moto, sino trabajando en la tierra» — que no ha mejorado las cosas.
El famoso prefacio a la traducción de Wrenn se publicaría finalmente y sería un texto teórico importante sobre traducción del verso aliterado. La conmoción cerebral pre-bélica está documentada por Scull y Hammond en la Chronology. La sensación de fracaso al no haber terminado la secuela es constante en estos años.
