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SUCRIPCION PORTADA

Carta #4 – A Edith Bratt (1916)

Índice Carta #4 - Fragmento: retoques a la «lengua élfica sin sentido» - 1916

Otro fragmento brevísimo, escrito en Rugeley Camp una tarde lluviosa. Tolkien lleva hora y media releyendo apuntes militares y se aburre de ellos. Y confiesa lo que ha hecho para desahogarse: «he dado unos retoques a mi lengua de hadas sin sentido — y ha mejorado». Añade con una mezcla de anhelo y disciplina: «a menudo deseo trabajar en ella y no me lo permito porque, aunque la amo tanto, ¡parece una afición tan disparatada!»

Estamos a cuatro meses de la Batalla del Somme. En este intervalo, el joven oficial reconoce lo que sería la constante secreta de su vida: la invención de lenguas como vicio y vocación. La «lengua de hadas» a la que aquí llama disparatada es la que evolucionará hasta convertirse en el quenya — la lengua élfica alta, la de Valinor. La frase «no me permito trabajar en ella» es asombrosa: Tolkien tiene 24 años, se sabe filólogo, pero aún no se atreve a tomar en serio su propio arte creativo.

El proceso de creación del quenya y del sindarin desde los primeros años universitarios ha sido estudiado por Carl F. Hostetter en las revistas Vinyar Tengwar y Parma Eldalamberon, dos publicaciones especializadas en las lenguas inventadas de Tolkien. La Sociedad Tolkien Española ha traducido y comentado varios estudios lingüísticos sobre esta fase temprana. Como han demostrado los editores del Parma Eldalamberon, ya en 1915 Tolkien estaba trabajando en las gramáticas que darían forma a las lenguas del legendarium.