Envía una pipa que se le había quedado por enviar el día anterior. La carta larga de Christopher ha llegado esa mañana. Al menos les consuela saber que él tiene «bolsas de vida decente». La RAF «en tierra» tiene «bolsas de vergonzosa ineficiencia» — fácilmente enmendables, del todo innecesarias. Pero la guerra siempre y en todas partes, fuera de los poetas heroicos, es así. Sursum Corda — «arriba los corazones».
Y entonces viene el consejo espiritual que solo Ronald podía dar: aunque sea «consejo de perfección», que Christopher intente sacar provecho de la mortificación que en su caso es más dura — la de los compañeros aparentemente degradados. Que suspenda el juicio, o al menos el sentimiento de desprecio, contra el «mente-de-alcantarilla» y el «cabezahueca sin barbilla»: a menudo — no siempre — su falta de barbilla no llega del rostro al corazón, ni la porquería ocupa al hombre interior entero.
Una moral aplicada. Ronald no niega la ordinariez del ambiente militar, pero pide una caridad epistémica que se anticipa a categorizaciones fáciles. La misma sensibilidad atraviesa la mirada de Frodo hacia Gollum: nunca dar por perdida un alma.
