Desde una casa afectada por la gripe, Tolkien comenta con Christopher la conferencia de Teherán. Le produce repulsión ver a dirigentes responsables de violencia hablar de una familia internacional contra la tiranía.
Define su posición como anarquía filosófica, entendida como reducción del control, o como una monarquía personal no constitucional. Desconfía de la palabra abstracta «Estado» porque permite ocultar decisiones humanas tras una entidad impersonal.
Preferiría nombrar a quienes gobiernan para recordar responsabilidad y límites. Considera que mandar sobre otros es una de las tareas menos adecuadas para cualquier persona, incluso para quien se cree virtuoso. La política de la Comarca refleja parte de este escepticismo, aunque la carta no ofrece un programa institucional completo.
