«¡Es un día de banderas rojas!». Al desayuno les llegó el cable EFM en clave de Christopher, indicándoles que había desembarcado sin peligro en algún lugar el 22 de febrero. Y al almuerzo, el telegrama con la dirección. Al fin saben dónde está. «Es un maravilloso consuelo saber dónde estás». Ronald menciona que nunca ha tenido contactos con el Transvaal excepto Raikes en la Universidad de Johannesburgo, y se pregunta si Christopher tendrá oportunidad de ver Bloemfontein, donde él mismo nació.
El «Useless Quack» ha vuelto a Oxford — el doctor Havard, en uniforme, con la barba roja y la sonrisa lenta, ahora en la Marina pero viviendo en casa y trabajando en el consejo de investigación sobre malaria. Lewis está tan enérgico como siempre pero recibiendo demasiada publicidad. El Daily Telegraph le ha dedicado un párrafo particularmente errado: comenzaba «Ascético Mr Lewis» — «¡A ustedes se lo digo!». En una sesión breve esa misma mañana Lewis se ha bebido tres pintas y ha dicho «ir moderado por Cuaresma».
Carta de alivio inmenso. Después de tres meses de silencio geográfico, Ronald sabe que su hijo está a salvo en el hemisferio sur. Bloemfontein es una mención con peso: allí murió su padre Arthur Reuel Tolkien en 1896, cuando Ronald tenía cuatro años. La coincidencia geográfica entre padre e hijo separados por cincuenta años tiene resonancia mítica.
