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SUCRIPCION PORTADA

Carta #62 – A Christopher Tolkien (1944)

Índice Carta #62 - Airgraph FS 18: sobre la predicación como arte - 1944

Ronald reflexiona sobre por qué los sermones son casi siempre malos. La respuesta, sospecha, no es simple. En parte porque «la retórica es un arte» que requiere (a) talento nativo y (b) aprendizaje y práctica. El instrumento es más complejo que un piano, y la mayoría de los predicadores están en la posición de quien se sienta al piano sin saber notas y espera mover a la audiencia.

El arte puede aprenderse (con algo de aptitud) y ser efectivo incluso sin sinceridad ni santidad. Pero la predicación se complica porque esperamos en ella no solo actuación, sino verdad y sinceridad, y también ausencia de vicios (hipocresía, vanidad) o defectos (necedad, ignorancia) en el predicador. Los buenos sermones requieren algo de arte, virtud y conocimiento. Los reales requieren gracia especial que no trasciende el arte sino que llega a él por instinto o «inspiración».

Aparece también un dato biográfico. Ronald se pregunta si Christopher llegará a Bloemfontein: «si llegas allí, me preguntaré si sigue en pie la vieja casa-banco de piedra donde nací (Banco de Sudáfrica)». Y si la tumba de su padre — Arthur R. Tolkien, muerto en 1896 — sigue allí.