Tolkien se siente agotado incluso después de dormir casi diez horas y recuerda una broma de Warren Lewis sobre lo extenuante que puede resultar el sueño. Dos noticias, sin embargo, le devuelven el ánimo.
Ha recibido un cheque cercano a 140 libras por El Hobbit, una suma muy considerable para su economía familiar. También descubre por una carta de Stanley Unwin que el cadete R. Unwin de uno de sus cursos es Rayner, el niño que había recomendado publicar el manuscrito en 1936.
El encuentro cierra un pequeño círculo editorial: ocho años después de decidir como lector infantil la suerte del libro, Rayner reaparece como joven alumno ante su autor. Más tarde sería el editor de El Señor de los Anillos.
