Una helada doméstica obliga a Tolkien a pasar horas entre la cisterna del desván, grifos y desagües. El humor sobre pequeños sabotajes da paso a noticias profesionales: la muerte de H. C. Wyld abre la posibilidad de una cátedra en Merton y reactiva su antiguo deseo de compartir college con C. S. Lewis.
Christopher ha escrito sobre la belleza del Génesis. Tolkien responde que la humanidad conserva una nostalgia de Edén, una sensación de exilio perceptible en lo más generoso y menos corrompido de la naturaleza humana.
La guerra ofrece el reverso de esa memoria. Le horroriza el regocijo ante columnas de refugiados alemanes, sobre todo mujeres y niños, y denuncia la desaparición de misericordia e imaginación incluso entre los vencedores.
Considera que termina un capítulo de la primera guerra de las máquinas: millones han muerto y todos quedan empobrecidos, mientras la tecnología y sus servidores salen fortalecidos. La carta une avería doméstica, ambición académica, teología y crítica bélica sin separar la gran historia de sus efectos cotidianos.


