Puffin Books propone publicar El Hobbit en una edición económica. Tolkien reconoce que ya no puede ignorar los ingresos adicionales, pero comparte la reticencia de Rayner Unwin a abaratar un libro que todavía mantiene buenas ventas en su formato habitual.
Deja la decisión al editor y convierte la duda en una broma ornitológica: no confía demasiado en puffins, penguins y otras aves editoriales que viven de los huevos puestos por otros. Bajo el humor aparece una cuestión práctica: ampliar el público sin deteriorar el valor material ni la trayectoria comercial de la obra.
