Tolkien hojea el texto promocional preparado por Houghton Mifflin para Las Dos Torres y concluye que su autor no ha leído la obra. Considera innecesario revelar el argumento, pero encuentra todavía peor que el argumento revelado no corresponda al libro anunciado.
La ironía concentra una preocupación constante: la promoción debía orientar al lector sin reducir una obra compleja a tópicos o datos inexactos. Después de luchar por cada palabra del texto, Tolkien encontraba en las cubiertas una versión de su historia sobre la que apenas tenía control.
