Tolkien entrega por fin a Rayner Unwin la revisión de El Hobbit. Los cambios se concentran en el primer capítulo y disminuyen mucho después del segundo; su intención no es reescribir el libro según el tono posterior de El Señor de los Anillos.
Ha eliminado algunos apartes en los que el narrador se dirige directamente al público, porque lectores jóvenes inteligentes los encontraban condescendientes. También corrige ciertas incompatibilidades, pero evita introducir terminología o topónimos propios del Anillo. Busca armonizar la historia sin borrar su voz original.
