Tolkien comunica a William Cater que su trabajo atraviesa un momento más esperanzador. Cree posible enviar a Allen & Unwin una primera parte de El Silmarillion antes de terminar el año.
La nota resulta conmovedora a la luz de lo que siguió: el proyecto continuaba vivo y parecía cercano, pero la salud, las obligaciones y la complejidad del material impidieron que Tolkien entregara una versión definitiva.
