Tolkien cuenta a Phyllis Robertson que mayo se comportó como prometen los poetas: casi todos los días fueron luminosos. El buen tiempo terminó de madrugada con una lluvia que compara con el diluvio de Noé.
Recuerda que los grandes ciclos dramáticos medievales se representaban al aire libre durante el Corpus Christi. La lluvia habría dado realismo al episodio de Noé, bromea, aunque habría arruinado las declamaciones del rey Herodes. Es una observación meteorológica convertida de inmediato en memoria literaria y teatral.
