Tolkien pide disculpas a William Cater por no haber respondido una carta especialmente amable y alentadora. Intenta explicar el valor que posee para él la correspondencia: para un hombre aislado, una carta extensa puede ser como pan para un prisionero hambriento en una torre.
La imagen resulta más intensa que una fórmula de cortesía. Tras la muerte de Edith y el traslado a Oxford, la atención de amigos y lectores se había convertido en una forma concreta de compañía.
