Tolkien bendice a Christopher después de verlo durante muy poco tiempo a su regreso de Sudáfrica. Compara el encuentro con un dolor dental que se había vuelto sordo por costumbre y que de pronto vuelve a sentirse con toda intensidad.
La imagen expresa el precio del reencuentro: la alegría no elimina la separación, sino que hace nuevamente visible cuánto lo echa de menos. Termina asegurándole que reza siempre por él.
